Fervor desde el inframundo

Uno de los compositores más prolíficos, cantantes y guitarristas que hizo del blues un estilo universal. Con bastante éxito en los Estados Unidos y casi sinónimo del rythm and blues en el resto del planeta: es BB King. El muchacho del blues, nacido un 16 de septiembre de 1925.
Hace 2 años F11 DEL ARCÓN


#CumpleBluesBoy

M.R.

La mejor de las actuaciones realizadas por BB King no fue con Norberto “Pappo” Napolitano, si bien la vez que tocaron juntos en el Madison Square Garden fue antológica. Pero el golazo al ángulo del morocho oriundo del Mississippi fue el show que en 1973 ofreció a los internos de la prisión de Sing Sing, por ahí cerca, nomás, en New York. 

Para el crítico Michael Walburton hasta hoy vale la pena escuchar el desempeño de Riley Ben King pulsando las seis cuerdas y su voz como de licorería alternativa en “How blue can you get”. Lo que tiende a darle momentos de adrenalina a la platea, integrada por  presos de elevada peligrosidad y cuya energía confluye en retroalimentación para el músico.

Allí, BB King despliega aquel “sofisticado estilo de solos basados en fluidas cuerdas  estiradas y brillantes vibratos que influirían prácticamente en todos los guitarristas de blues eléctrico que le siguieron”, como reseñó a fines del siglo XX Edward Komara. De hecho, a comienzos de los años 50 se le acercó un flaquito interesado en recibir algunos yeites: así conoció el Blues Boy a Elvis Presley, en los pubs  de Beale Street (Memphis).

Con el tiempo, serían otros los músicos que lo frecuentarían. Para ello, no era muy complicado encontrarlo, ya que el guitarrista y cantante era uno de los más dinámicos por la cantidad de actuaciones realizadas. A tal punto que en la década del 70 se estima que ofreció entre 250 a 300 conciertos, casi 1 diferente por cada día del año.

Uno de estos fue el ya famoso en la prisión de Sing Sing. Allí, se presentó con su Gibson ES-335, apodada “Lucille”. Lo cual con el tiempo dio el nombre a una de las líneas fabricadas por Gibson hacia 1990, cuando el músico se había hecho conocido en todo el mundo. 

Por aquel entonces, grabó algunas canciones con Eric Clapton para el disco “From the craddle” con el cual el británico le dio continuidad, en 1994, a su fanatismo por los blues del Mississippi. Pero más que eso, le dio a su colega inglés algunas pistas adicionales para extraer del cancionero en la región más prolífica del rithm and blues. 

Ya fuese con Pappo, Elvis o Clapton, el artista es como que hubiese tenido muchas vidas. De sus años de disc jockey en la estación WDIA no sólo se llevó una amistad entrañable con T-Bone Walker, sino también el apodo: Blues Boy, luego acortado a BB.

Tuvo varios éxitos de ventas en las décadas del 50, también en los 60 y en los años 80. Junto con las reediciones y nuevas versiones de otros músicos, por los cuales mantuvo una vida próspera. Pero siempre sobre las tablas tocando y cantando. Hasta que un 14 de mayo  de 2015, tal vez Belcebú vino a cobrar ese pagaré verbal comprometido en algún cruce de caminos sin asfalto. O simplemente, un descanso que el Blues Boy se tomó en medio de tantas actuaciones ofrecidas a lo largo de su extenuante carrera. Hasta que un pibe de estos días vuelva sobre sus discos, lo reviva y lo redescubra para las futuras generaciones.

NdR, 16 de septiembre de 2023. 

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