
Más pesado que el plomo

#DiarioGolpistaChileno
F.P.
Este lunes, ya sea una u otra fecha que se designe conmemorar nos remite igualmente al país trasandino liberado en el siglo XIX durante la gesta independentista americana.  Además de Domingo F. Sarmiento y su paso por este país, 50 años atrás el diario El Mercurio concretaba una de las tapas para cuya confección había jugado todo su mazo, previamente marcado.
El Golpe de Estado contra el presidente constitucional Salvador Allende había tenido al matutino, a su director Agustín Edwards Eastman y a gran parte del personal como entusiastas de la gesta que culminaba el 11 de septiembre de 1973. En nombre de la Patria, por supuesto, si bien cabe la indicación que la versatilidad puede remitir a más de una de estas Patrias.
La idea general era aprovechar la conmemoración del tercer año de don Salvador Allende al frente del Ejecutivo chileno y en medio de la resaca desmoronar a su gobierno constitucional. Un emprendimiento que era bien visto por los filántropos alistados en Washington junto a Richard Nixon, con una propensión ya enfermiza por adivinar intención “comunista” en todo aquel sudamericano retobado hacia el catecismo bananero [NdR: término que remite a la United Fruit, “empresa” dedicada a la cosecha de bananas y en realidad funcionaba al servicio de la CIA].
Para lo cual era necesario alguienes capaces de declamar ferviente amor por la Patria, lo que encontrarían en Agustín Edwards Eastman, quien ya tenía una, desde aquel 24 de noviembre de 1927 cuando había nacido  en París, la capital francesa. De acuerdo a documentación desclasificada pocos años atrás por el gobierno estadounidense, la CIA tenía a dos de sus agentes implantados en El Mercurio. Lo que casi no hacía falta, ya que a la mayoría de sus periodistas un cardiólogo hubiese tenido inmensas dificultades para encontrarle el corazón, si acaso lo buscase en el lado izquierdo del pecho. 
El director del diario era un viejo conocido de los intereses norteamericanos. Luego de estudiar abogacía en Chile, el buen hombre tuvo la precaución de concurrir a la Academia “Woodrow Wilson”, de la Universidad de Princeton. De dicha casa de estudios, Agustín salió en 1949 con el título de “pheriodista” y varias escarapelas con la que los gringos suelen exagerar cualidades académicas, en realidad basadas en la destreza para el football norteamericano o en purretes que profesan veneración por sus intereses geopolíticos.
En contraposición, cualquiera que enarbolase manifestaciones en dirección distinta era susceptible de recibir etiqueta de comunista, zurdo u otra caracterización que lo candidatease al averno. “La CIA gastó un millón y medio de dólares para apoyar a ´El Mercurio´, el principal periódico del país y el canal más importante de propaganda contra Allende”, precisó un informe de la Comisión Church y Pike del Senado estadounidense. “Según documentos de la CIA, estas gestiones significaron un papel significativo en la preparación del escenario para el golpe del 11 de septiembre de 1973”. 
La cámara alta norteamericana señaló que “tanto el gobierno de Estados Unidos, como la ITT chorrearon dinero (were funneling money) en manos de individuos asociados al diario (´El Mercurio´)”. Para comienzos de los años 70, la empresa tecnológica ITT había empezado a relevar a la United Fruit en el rol casi de apariencia inofensiva, como de gringos en busca sólo de generar más guita para sí y para su nación.
Diario a la carga
La campaña contra el frente Unidad Popular, con Allende al timón, había tenido a ´El Mercurio´ como principal detractor. Ya desde la campaña electoral previa a los comicios presidenciales de 1970 el diario había publicado sucesivos embustes, en los que traslucía preocupación internacional por el hombre negado a reclinar su torso ante la bandera con cintas rojas, fondo blanco, azul y estrellitas.
Además de su ferviente fobia hacia progresistas, izquierdistas, centroizquierdistas y latinoamericanistas, el diario de Edwards era reforzado con voluminosos emolumentos. El hombre formaba parte del Comité de los 40, un grupo de empresarios y correveidiles de la embajada estadounidense y/o la CIA, el cual inició accionar el 25 de marzo de 1970: con una asistencia financiera, libre de reembolso, por u$s 125.000.
El 27 de junio de aquel mismo año, la cifra original pasó a u$s 300.000 con la cual los muchachos de Edwards contrastaban que hasta era ´buen negocio´ profesar anticomunismo. Aún así que hubiese o no persona con ideas de izquierda a la vista, total, cualquiera podría ser el próximo en pasar y simplemente ser apuntado con el dedo. 
Luego de la victoria electoral de Unidad Popular, el 4 de septiembre del 70, la CIA recalculó en u$s 700.000 los servicios prestados por El Mercurio. Si bien Allende no sabía estos detalles financieros, la línea editorial furibunda del diario de Edwards resultaba evidente desde mucho antes de instalar la gestión en el Palacio de la Moneda. 
Hasta el presidente estadounidense Richard Nixon convocó al director de la CIA, Richard Helms, a través de quien había llegado a intentar evitar la toma de posesión presidencial. “10 millones disponibles, más si es necesario”, a la par de “salvemos a Chile” o “no hay riesgos involucrados preocupantes”, fueron algunas de las notas tomadas por Helms en medio de dicho cónclave.
Durante tres años seguidos, el diario “El Mercurio” no ahorró munición para dirigirla contra Allende, desde su sección política y económica, hasta en las páginas de sociales y espectáculos. Mientras su director, Edwards, en paralelo coordinaba acciones más concretas con el Comité 40, los muchachos de la Embassy y los de la “Agencia”.
Aquel 11 de septiembre de 1973, el diario chileno ni siquiera disimuló su satisfacción al titular que una Junta Militar con Augusto Pinochet a la cabeza gobernaba el país, luego de un sangriento golpe de Estado. Debajo en la misma portada, “El Mercurio” resumió que Allende había muerto. Ciertamente, los golpistas habían bombardeado previamente el Palacio de la Moneda, por lo que los malpensados supusieron que los uniformados lo habían asesinado. Sin embargo, una posterior autopsia realizada por galenos del ejército, Armada, Fuerza aérea y carabineros resolvió que había sido suicidio, luego de la autopsia efectuada en el departamento de cirugía de Otorrinolaringología del Hospital Militar.
NdR, 11 de septiembre de 2023. 
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