Manual para apertura de escuelas

La porfía alrededor de las clases presenciales se encuentra supeditada a factores externos bastante embromados de manejar. Asunto para el cual poco y nada tienen que decir o disponer los voluntaristas. Cuando más a mano y menos costoso es oir lo que dicen los verdaderos científicos.
Hace 5 años ASUNTOS DE FONDO

#Ciencia #TheLancet #Recomendación

La apertura de establecimientos educativos en ciudades con altas tasas de contagios y con sistemas de prevención enclenques provocará que se aceleren los casos de coronavirus. Esta fue la conclusión que el fin de semana se reflotó, tras un artículo publicado por la revista científica The Lancet, en el que se contrastó esto con la fiacosa argumentación de quienes intentan darle un empellón a las clases presenciales.

“Tienen serias limitaciones”, concluyó en cuanto a tales planteos ensimismados en la enseñanza cara a cara, la que en cierta forma pareciera encubrir alguna dificultad hogareña. El artículo corresponde al momento en que el Reino Unido discutía sobre la modalidad educativa que sería conveniente adoptar, frente a que “los datos en el mundo muestran casos en aumento en noviembre pasado durante el encierro, cuando las escuelas estaban abiertas”.

La concienzuda nota lleva la firma de Deepti Gurdasani, epidemióloga de la Queen Mary University (Londres), junto a su equipo de trabajo e investigación. Allí, en el escrito, se remitieron a los trabajos estadísticos que desde la Universidad de Warwick como del Colegio Imperial londinense, señalaron que alrededor de 30.000 muertes por coronavirus se explicarían por la reapertura de escuelas.

En referencia a dicho artículo, el prestigioso analista Walter Goobar aconsejó este sábado que “todos aquellos funcionarios -que sin distinción de partidos- defienden rabiosamente la presencialidad escolar por un minuto de fama en la tele o 60 ´me gusta´ en las redes sociales”, deberían leer esta nota en The Lancet.

El trabajo de Gurdasani precisó que en febrero de este año “a pesar de que había menos alumnos en las escuelas, el personal docente estaba en mayor riesgo de infección”. En tanto que, a pesar de la idea extendida que la COVID-19 es poco frecuente que ocasiones infecciones severas en los infantes, “estimaciones de la prevalencia de los síntomas (..) sugieren que el 13% de los niños de 2 a 10 años, y el 15% de los de 12 a 16 tuvieron al menos un síntoma persistente cinco semanas después de que dieran positivo”.

Mientras que “dada la incertidumbre sobre los efectos en la salud a largo plazo, es imprudente dejar que el virus circule en niños”, advirtió el artículo. Por lo cual, “reabrir en forma completa en un entorno de alta transmisión comunitaria sin una salvaguarda adecuada conlleva riesgos que privarán a los niños de una educación y una interacción social otra vez, y agravará las desigualdades”.

Por lo cual, la bioseguridad en los establecimientos de enseñanza dependerá de la variable que actúe en la reducción de “la transmisión comunitaria, y ese es el escenario para que las escuelas reabran”, ponderó aquel artículo científico publicado unos meses atrás en The Lancet. Una publicación izada para invocar razonamientos de autoridad en ocasiones mientras que en otra algunos prefieren ignorar su contenido. 


NdR, 17 de abril de 2021. 


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