El peligro para el sistema democrático

La concentración de producción informativa, así como la extranjerización de las empresas del rubro y del resto de la industria cultural, son el fenómeno actual menos deseado. Un dato que socava la pluralidad y, por lo tanto, al sistema democrático. Amenaza que se verifica en América Latina y también en nuestro país.
Hace 5 años ASUNTOS DE FONDO

#Producción #BienesCulturales #Democracia

La producción informativa, como parte de la industria cultural, la pluralidad noticiosa y la democracia misma se encuentran en la cuerda floja, según un informe del Sindicato de Prensa de Buenos Aires. Este fenómeno de concentración actúa tanto sobre la oferta como sobre la demanda, la que es moldeada en base a los parámetros de los grandes grupos empresarios del rubro tecnológico, tanto extranjeros como locales.

En el estudio publicado este fin de semana por SiPreBA, definieron que Latinoamérica es “una región en donde es cada vez menor el espacio para generar contenidos en cualquier formato que reflejen y representen las distintas formas de pensar e instalarse en el proceso de circulación social de sentido”.

Los autores de este trabajo, Agustín Espada y Santiago Marino, alertaron que esto plantea una situación que pone bajo “amenaza” a la propia “democracia”. Un factor fundamental es la precarización en el trabajo periodístico, junto con una preocupante “desprofesionalización” en las fuentes noticiosas y del contenido que circula en el hemisferio digital. La “uberización” de la producción informativa.

Según el dúo de especialistas, las plataformas “regulan de facto” la oferta y “limitan la capacidad” de los usuarios a la hora de determinar qué información personal puede ser comercializada. Esto apunta a centrar en la escena a Google (Youtube), Facebook (Whatsapp e Instagram), Netflix y Spotify, gigantescas productoras y distribuidoras de contenidos digitales, y en menor medida Flow, del Grupo Magnetto-Noble (Clarín).

Este proceso de concentración, ulterior a la confluencia hacia el soporte digital, se dio en la producción y distribución de contenidos informativos, culturales y de entretenimiento. Y que fue acompañada por una modificación en los hábitos de consumo, además de una reducción en la inversión publicitaria (en gran medida, captada por las compañías enumeradas en el párrafo anterior). 

“La captura de la audiencia y la propiedad de los productos cultures e informativos por parte de capitales extranjeros antecede a la convergencia digital. Sin embargo, la intermediación de Facebook, Google, Apple, Netflix y Disney, entre otras, aceleró y profundizó el fenómeno”, fue una de las conclusiones a las que arribaron Marino y Espada. El estudio mencionado se titula “Modelo y casos de regulación de plataformas para la diversidad cultural y periodística”.

Si bien existen indicios que marcan la presencia de este fenómeno en diferentes partes del mundo, en América Latina es más pronunciado y profundo. Y pese a las restricciones externas que presenta la economía criolla, es cada vez mayor el ingreso de bienes y servicios culturales. En particular, a través de plataformas de streaming como Spotify o Netflix, principales vectores que extranjerizan la renta de este rubro (cultural). 

Según el estudio realizado por Marino y Espada, el 85 % de la renta corresponde a la importación de servicios de streaming, provisto por las principales compañías estadounidenses. En tanto, el 15 % restante se “lo lleva” Spotify, firma de esta misma procedencia, pero con domicilio legal en Suecia. Para tomarlo en perspectiva: hacia 2016 nuestro país importó servicios de streaming por u$s 171 millones, mientras que en 2019 este desagregado se hizo por un valor de u$s 330 millones. Es decir, uno de cada dos pesos que se gastaron en consumo cultural fue a dar con el pago de streaming.

En este escenario, el trabajo que publicó SiPreBA concluyó que la actividad periodística y el porvenir de ésta se encuentran bajo amenaza. Lo que, a mediano plazo, también será un riesgo en aumento para todo el sistema democrático.

Fue la consecuencia de los cuatro años de la gestión Cambiemos, al deshacer las regulaciones establecidas en la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Principalmente, a través de normas dictadas por el Ente Nacional de Comunicaciones a favor de las empresas más poderosas. “Desactivó los límites a la concentración de la propiedad y a la propiedad cruzada, eliminó la prohibición nunca cumplida de que operadores de TV abierta y paga pudieran estar en las mismas manos y estableció que la TV por cable – principal sistema de distribución de contenidos audiovisuales – saliera de la órbita de la LSCA”, remarcaron Marino y Espada.

Cabe recordar que en 2017, la gestión macrista les posibilitó a empresas del rubro telecomunicación a ingresar en la prestación de la televisión paga –ya fuere en cable o por fibra óptica- y al mismo tiempo le permitió al holding Magnetto-Noble desembarcar en el negocio de la telefonía móvil. Este período, ni de cerca, fue el que fomentase “una mayor diversidad discursiva” en nuestro país (preocupación que resulta común a EEUU y la Unión Europea).

Ante todo el manchancho realizado durante la administración Cambiemos, el arribo al gobierno nacional del Frente de Todos mantuvo este panorama sin variantes, puesto que no adoptó ninguna decisión de fondo. Excepto una dubitativa declaración a la internet, televisión paga y telefonía como servicios públicos, en lugar de regulaciones un poco más osadas que realizan en estos días los países que integran la Eurozona y Estados Unidos.

En un catastro con merma en la torta publicitaria, los portales digitales lograron quedarse con uno de cada cuatro pesos invertidos por anunciantes. Frente a este avance, el contraste estuvo dado por el declive de los productos en soporte gráfico (diarios y revistas), la publicidad en la vía pública y la televisión abierta.  

El exhaustivo trabajo de investigación puntualizó que en mayo de 2020 apenas si se vendieron 500.000 ejemplares de diarios en papel (en comparación al 1.100.000 que se vendían entre 2.000 y 2.011). En este plano, Espada y Marino especificaron que en 2018 y 2019 los avisos del Estado nacional representaron el 10 % del total en publicidad. Un peso que trepa hasta el 20 % si se contabiliza lo invertido por distritos como Ciudad de Buenos Aires, Provincia de Buenos Aires, así como también Córdoba y Santa Fe.

Aunque, “los datos de actividad y facturación de los distintos sectores del mercado de las comunicaciones muestran que la caída de ingresos es general”, dijeron los autores del citado trabajo. En particular, el de medios audiovisuales que descendió desde un 10 % del total hasta un 7,5 % entre 2014 y 2019. Otro rasgo del proceso de concentración y propiedad cruzada.

Por caso, el holding Magnetto-Noble (Clarín, Canal 13) tiene el 42 % del mercado de la telefonía fija, un 34 % de la telefonía móvil, el 56 % de las conexiones de banda ancha, el 35 % de la conectividad por wi fi y el 40 % de la televisión paga. Junto con el control sobre las publicaciones gráficas (diario Clarín y La Voz, entre otros), radios (Mitre, La 100) y canales abiertos de televisión. 

NdR, 2 de enero de 2020. 


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