
La pelusa y El Durazno

#ElDurazno #Tribulacionesdevecinos
Los padeceres de vecinos en el loteo El Durazno, a pocos metros del pueblo de La Caldera, sumaron al final de octubre inseguridad a lo que ya acarrean en los últimos años. Los robos de material, herramientas de trabajo y casas desvalijadas aumentaron dramáticamente su frecuencia en estos días, en un núcleo poblacional que a nivel normativo ni siquiera pertenece a la Municipalidad contigua.
Aunque el loteo en los territorios cercanos a La Caldera comenzó hace una década atrás, el GPS catastral no registra a este barrio como tal y el de las Fuerzas de Seguridad, tampoco. “Tapan todo, tanto la policía como los gobernantes y los políticos”, confió Gaudencio Maldonado, vecino de El Durazno, “por eso no se descubre nada”.
El “pioneer” desafió con los micrófonos de NdR encendidos a consultar en cualquier casa de la barriada, respecto a tal problemática. “Pregúntele a cualquier vecino si le han robado o les han sacado algo: le van a decir que sí”, desafió a nuestro equipo de trabajo, el cual se encontró con un curioso mecanismo de precaución frente a eventuales pungueos: una pantalla similar a la de un teléfono móvil adosada a un poste, lo que se hace pasar como “alumbrado público”.
Las dimensiones de lo que se sustrae en tales operaciones clandestinas promueve suposiciones que tales enajenaciones forzosas son realizadas por bandas con organigrama jerárquico y herramientas punga que las apalancan. “¿Cómo se pueden perder diez perfiles (de hierro para edificación) de 12 metros?”, fue el interrogante que compartió Maldonado. O bien, “cómo llevás 100 bolsas de cementos en un ratito o 500 bloques en ladrillones?”, le adicionó.
En un plano ideal, tales sustracciones se conjeturan improbables si fuesen realizadas por una o dos personas a pie. Sin embargo, “la Policía no encuentra nunca nada. Vos hacés la denuncia, pero nada”.
La inacción es constante, desde eventos difíciles de soslayar –como sustracciones de material para construcción- hasta los que ocurren de manera cotidiana. Sucede que en El Durazno, la ruralidad se entremezcla con lo semi urbano. Contra el diseño y la publicitación como barrio privado, los productores ganaderos al vecindario de El Durazno optaron por ahorrar en las técnicas de engorde y de manera contínua liberan vacas a pastar a su antojo.
Este jueves, el lugareño José Luis Portales alertó a la policía y al 911 sobre una situación de esta naturaleza. Sin embargo, a los ojos de la fuerza de seguridad las vacas serían espejismos o avistamientos imaginarios entre los comarcanos. “Recién veo al móvil que se vuelve para el pueblo, ni siquiera pasó por la casa (a preguntar)”, describió en su comunicación de reclamo, ante los jerárquicos del destacamento caldereño.
Sin embargo, las vacas no son las únicas especies que aparecen y desaparecen en El Durazno, sembrando dudas respecto a la salud mental de sus pobladores. En ocasiones, son cebiles, nogales y otras especies de árboles, los cuáles un día están y al siguiente ya no. Donde antes hubo un cuarto de hectárea boscoso, de pronto una mañana aparece un lote pelado como pidiendo a voz en cuello materiales para construcción. Pero ladrillos, perfiles, cemento, amoladoras y mezcladoras, tampoco tienen asegurada la permanencia.
NdR, 29 de octubre de 2021. 
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